Tiempo
El paso del tiempo es el protagonista de numerosas obras artísticas. Nos apasiona. Nos gusta medirlo y hablar de él. A veces anhelamos que llegue un tiempo concreto y otras veces odiamos verlo pasar. Lo que está claro es que nuestra percepción del correr del segundero es imprecisa, basta estar disfrutando para que corra o sufriendo para que parezca estático. El segundo que dura una caída parece eterno, los diez minutos que dura su atracción favorita para tu hijo no son nada. El movimiento se vive más veloz que el estatismo, la ida es más lenta que la vuelta, la vida acelera conforme envejecemos… El tiempo es una ciencia compleja.
El «efecto viaje de vuelta», se refiere a la percepción de que en el mismo recorrido, en un sentido y al contrario pero con la misma longitud y bajo las mismas condiciones, el viaje de ida siempre nos parecerá más largo. Los investigadores han demostrado la relación entre la percepción del tiempo y los índices fisiológicos. Los resultados sugieren que el efecto viaje de vuelta es causado por el sistema nervioso autónomo, en particular por el sistema nervioso simpático.
El psicólogo Niels van de Ven, quien ya había experimentado lo mismo en el pasado, cree que el efecto viaje de regreso se origina a partir de "una violación de las expectativas”. "La gente es demasiado optimistas acerca de un viaje, después de lo cual, cuando efectivamente lo hace, siente que fue bastante largo. Entonces, al regresar, ya va con la percepción contraria: ‘va a tomar mucho tiempo de nuevo' y bajo esa percepción después resulta que no se siente tan malo”.
En cuanto al paso de la vida en general, hay unas pocas teorías. Quizá sea lo que dice Maximiliano Kiener. Utilizó una línea de tiempo interactiva para argumentar que cuantos más años estamos vivos, menor es el porcentaje que un año representa en comparación con el total.
También existe un libro titulado “Why Life Speeds Up As You Get Older: How Memory Shapes our Past”, cuyo tema es por qué la vida se acelera a medida que nos hacemos mayores. Según Douwe Draaisma, el efecto parece causado por las experiencias, pero no por la proporción que representan sino porque llega un punto donde ya no hay nuevas. Del mismo modo que al visitar lugares de la infancia, comprobamos que antes nos parecían enormes y ahora nos parecen pequeños, probablemente porque nosotros somos el doble de grandes, la misma analogía explica por qué los veranos ahora pasan volando mientras que a los quince resultaban largos. Un efecto colateral de la «falta de novedades». Sostiene que se graban solo las novedades, y en ausencia de estímulos novedosos el tiempo se graba muy fraccionadamente, lo que nos da la impresión de que corrió rápido y no pasó nada. Aunque, por supuesto, los minutos y las horas siguen pareciéndonos más o menos igual de largos, la teoría sostiene que vivir en una constante búsqueda de nuevas experiencias alarga la vida, aunque sea en apreciación.
Si bien, no obstante, también parece que hay un mecanismo más grande y más preocupante para que las acciones voluntarias influyan en la percepción del tiempo. Por lo general, surgen distorsiones de duración debido a la forma en que perciben ciertas propiedades físicas del estímulo. Si se observa una luz que parpadea cada décima de segundo y al mismo tiempo se escuchan una serie de sonidos un poco más lentos que esa velocidad, parecerá que la luz parpadea al ritmo de la música lenta. Esta distorsión podría ser culpa de la forma en que nuestras neuronas se conectan: muchas ilusiones temporales son en realidad ilusiones audiovisuales.
¿Qué quiere decir todo esto? Que normal que nuestra percepción del tiempo parezca un caos. Se contagia de las formas, la memoria, los sentimientos, las demás personas… cualquier cosa puede hacerla variar. Supongo que por eso nos empeñamos en medirlo, si bien en lo que importa, lo que se siente, no podamos hacerlo.
Fuente: Neurociencia, Hipertextual.
