Big Bang
Probablemente ya te hayas enterado de que, ayer mismo, un grupo de científicos ha logrado la primera prueba de la expansión del Big Bang, lo que ayudará a explicar cómo se originó nuestro universo. Suena muy bien, pero el descubrimiento es mucho más importante de lo que podemos imaginar.
Para hacernos una idea mejor del significado de este hallazgo, primero hay que entender qué es exactamente lo que el equipo de Harvard ha probado. Olvidad las analogías sobre ondas en un estanque o cualquier otra imagen gráfica simplista. Esto es lo que ha ocurrido.
Cazando una onda
Los resultados de ayer provienen del análisis de la radiación cósmica de fondo o radiación de fondo de microondas. Se trata de una débil radiación térmica que llena nuestro universo, y cuyo origen apunta a la explosión que lo originó hace miles de millones de años. Es como el eco de esa explosión y, en esencia, son las ondas más antiguas que pueden observarse en el cosmos.
El descubrimiento concreto del equipo de Harvard es un fenómeno bautizado como Polarización Primordial Modo-B que afecta a esa radiación térmica que estaban observando. Este fenómeno implica que la radiación de fondo de microondas proveniente del nacimiento de nuestro universo ha sido distorsionada por ondas gravitacionales que, hasta ayer, existían solo sobre el papel.
La existencia de estas fuerzas gravitacionales reafirma uno de los principios fundamentales de la física moderna. En 1916, Albert Einstein predijo la existencia de ondas minúsculas (millones de veces más pequeñas que un átomo) que transportaban energía por todo el universo.
Esas ondas son parte integral de la Teoría General de la Relatividad, y el hecho de que ahora hayamos podido comprobar su existencia tiene profundas implicaciones.
Adiós al modelo cíclico
El descubrimiento de ayer es una prueba sólida de que el Big Bang realmente ocurrió, pero quizá lo más importante no es eso, sino que descarta por completo a la principal teoría rival: el modelo cíclico.
El modelo cíclico, propuesto por Neil Turok, partía del principio teórico de que el universo se expande y se contrae a lo largo de ciclos de miles de millones de años, comenzando con una gran explosión, y terminando con una gran implosión. Según Turok, las fuerzas gravitacionales serían las que mueven este ciclo eterno de expansión y contracción.
Más allá del Big Bang
Por primera vez tenemos indicios plausibles de cuál es nuestro origen. Asimismo, hemos dado un paso de gigante para entender el universo que nos rodea. La evidencia presentada por los investigadores de Harvard describen las ondas gravitacionales como débiles, polarizadas y distorsionadas por lentes gravitacionales. Esta última parte es especialmente importante porque esta distorsión es clave para entender mejor cómo se manifiesta lo que denominamos como materia oscura.
Explicado de forma simple, la fuerza gravitacional ejercida por objetos grandes es suficiente para doblar levemente la luz (y eso incluye a microondas como las que los científicos de Harvard han estado estudiando). Eso significa que, si sabemos el origen de la luz y el punto desde el que la estamos observando, podemos determinar en qué grado esa luz se puede doblar. Cualquier discrepancia en esta medición permitiría detectar la posición de la fuerza que la afecta, como la materia oscura.
